Cumbia: ¿estás?
Ronda de tres birritas.
Hoy te traigo un cuentito sobre pasarlo bien.
Tun tun tun tun tun tun tún? tun tun tun tun tun tun tún.
Hoy vamos de a tres, giramos con los ojos en las luces de colores. Ayer me crujía la espalda, se ve que contraje algo por algún un tema. Hoy no sé. Es sábado y debería ser un día feliz, rico, expansivo, sudoroso. Una dice: vamos a la Farinera.
Cumbia: ¿estás?
Entramos al recinto, que por supuesto está abierto, así que no es que saltemos ninguna valla. No nos piden QRs, ni nombres, ni PDFs y eso nos hace sentir como de fin de semana. Se respira un lugar nuevo: una pompita. Una cerilla se enciende nuestros pechos, es automática. Y decimos gracias: a los barrios, por la cumbia, a los músicos del altiplano al otro lado del océano, a medio continente, a sus ancestros, a las amigas y a las amigas de mis amigas a las que no conozco pero en las que ya confío, al señor de al lado que lleva sombrero y baila como un loco, a los que se morrean mientras intentan bailar, al puestecito de arepas, a las zapatillas que nos protegen los dedos de los pies al pisarnos, a los findes y a los calendarios que nos cuadran, a los pantalones que no aprietan, a los silbidos, a la garrafa de agua gratuita, a las raíces que no estrujan demasiado, a la distancia abrazada, a los nuevos mapas, a los sábados por la noche, y también gracias a las que montaron la barra para vender birritas en vasos de plástico gorditos que cuestan un euro. En esta ocasión, no dejan devolverlos. Gracias, a todas las variantes sin saber yo nada de eso, a los sintetizadores y los bongos, al bajo electrizado, a las letras que nos cuentan historias de unos pocos que erizan a muchos, a las que tomaron la cumbia y la hicieron psicodélica, gracias a los jueguitos que la atacaron y la envolvieron para escupirla en todas partes, y así nos llegó a las tres en este día concreto, en una ciudad de la que no es nativa, en un festi barrial gratuito en un sábado por la tarde que se levantó pesado pero se arregló gracias a todo esto.
Estamos. Me miras, te miro, miro a la otra, la otra mira al percusionista, contraemos músculos que no conocíamos. Estiramos muchos otros. Y aún se ven las nubes del cielo, azul oscuro pero no negro. Es temporada rara de chaquetilla fina o vaquera y tirantes y pantalón corto y chicas que llevan tops y botas bastante altas. Y suena pám, pam-pam, pám, pam-pam, pám, pam-pam, pam pam. Y cae una ronda de tres birritas. Paga la Su porque le gusta hacerse la sugar aunque sea precaria. (¡Por las precarias!) Y cae la noche así como si nada. Al otro lado de la ciudad hay un festival gigante, lustroso, international con VIP y Business Class y quizás otra class por encima, un festival que tiene un poco de todo. En la burbuja se nos derrama la birra a ráfagas de movimiento: sashh sashh, y se forma una piscinita en la ropa de las vecinas que bailan pegadas, pero nadie piensa en poner la lavadora. Luego paga Solgi porque ella siempre toma la iniciativa. Esta semana algunos se preparan para recibir al Papa.
Birrita en mano nos revolcamos en el suelo y Solgi dice: un día podríamos organizar un festi. Con la espalda liberada, yo digo: ¿entonces esta cumbia es psicodélica? La Su dice: avanza. Abre la calculadora en el móvil y se pone a multiplicar cositas. Solgi dice: esta cumbia viene del altiplano. Veo el altiplano, está justo enfrente, sobre el escenario, en el techo. Tengo los ojos bien abiertos y peso menos que cuando llegué. La Su señala la pantalla: si nos juntamos todas el año que viene tendremos 2.156,78€ de presu. Ojito con eso. Esta ronda me toca pagar a mi.
Como banda sonora
Cumbia, ¡obvio¡ Esta vez una playlist entera, ¿quién puede elegir una sola canción?
Por recomendación de Solgi, magia psicodélica peruana: Roots of Chicha
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